Historia del Café

 
  El cafeto (árbol del café) se originó en Etiopía. Pero fue en Yemen, Arabia, con Moka como puerto principal, el lugar donde se inició su cultivo, aparentemente desde el año 575 d.C. Una vieja leyenda, publicada en Roma hace siglos, relata cómo, justamente en Yemen, un pastor llamado Kaldi descubrió accidentalmente los primeros arbustos de café. El joven pastorcito había extraviado a sus cabras, a las que localizó - tiempo después - no muy lejos de la región y más activas y alegres que nunca, mientras se alimentaban de granos de café.
El joven pastor decidió contarle lo sucedido a un religioso quien, sin más, se dispuso a desentrañar el origen de aquella increíble energía vista en el rebaño.

Así fue como este religioso le rogó a Alá que le develara el misterio. Tanto fue lo que rogó que finalmente y, a través de un sueño, le indicó al religioso lo que debía hacer.
Alá le explicó que debía sacar los frutos del arbusto desconocido, limpiarles la pulpa, tostar los granos y preparar una infusión que debía repartir entre los monjes del convento a fin de que sus plegarias fueran más gratas a Alá, y pudieran soportar mejor las vigilias. Quedó así sentado el origen de tan divina bebida.

En 1550, se introdujeron en Constantinopla los primeros establecimientos dedicados a la venta de la infusión. Estas cafeterías, profusamente decoradas, se convirtieron en grandes centros de reunión social, donde se comenzó a hablar sobre política. Y el café, que en un principio había sido una bebida de consumo estrictamente religioso, se convirtió en un símbolo de amistad y charla, significado que se mantiene en la actualidad.

Desde 1615, Venecia distribuyó el café a toda Europa. Como esta bebida de naturaleza musulmana era considerada por los religiosos como un "brebaje de Satanás", el Papa Clemente VIII fue presionado por la Iglesia para prohibir la infusión. Sin embargo, probó un sorbo y declaró instantáneamente que sería pecado dejar a los descreídos una bebida tan deliciosa; antes de vetarla, deberían bendecirla y cristianizarla.

El café llegó a América en 1723, en manos de un teniente de navío francés, Gabriel Mathieu de Clieu, quien desembarcó la primera planta de café en las Antillas luego de una travesía muy arriesgada y antes del final del siglo, el grano de café estaba distribuido en toda América. A tal punto llegó su trascendencia, que La Bolsa de Nueva York operó durante diez años en el legendario Café Tontine.

Rodeado de leyendas y misterios, el café ha llegado a convertirse en el último siglo en la bebida más difundida del planeta. Y La Virginia, en el más difundido en nuestro país.
     
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